DOMINGO




Domingo, flor de luz, casi increíble

día. Bajas sobre la tierra

como un ángel inútil y dorado.

Besas

a las muchachas

de turbia cabellera,

vistes de azul marino

a los hombres que te aman, y dejas

en las manos del niño

un aro de madera

o una simple esperanza. Repartes

golondrinas, globos de primavera,

te subes a las torres

y giras las veletas

oxidadas. Tu viento agita faldas

de colores, estremece banderas,

lleva lejos canciones

y sonrisas, llena

las estancias de polvo plateado.
Los árboles esperan

tu llegada

para cubrirse de gorriones. Sabe más fresca

el agua de las fuentes.

Las campanas dispersan

palomas imprevistas

que vuelan

de otro modo.

No hay nadie que no sepa

que es domingo,

domingo.

Tu presencia

de espuma lava,

eleva,

hace flotar las cosas y los seres

en un nítido cielo que no era

-el lunes- de verdad:

apenas desteñido papel, vidrio olvidado,

polvo tedioso sobre las aceras.